Desde que se inició el programa de suelta en 2006, con un total de 44 ejemplares liberados, han muerto 13 ejemplares y otros 5 muy probablemente también, pues de uno de ellos no se sabe mada desde 2009, de 3 desde 2010 y de otra desde 2011. Lo más penoso es que de los liberados hasta 2010 inclusive, un total de 19, solo hay 3 vivos (solo una hembra), que eran los ejemplares que ahora podrían reproducirse al haber llegado a su madurez sexual.

Y el problema es fundamentalmente el mismo. El veneno. También los cazadores en menor cuantía.

Obviando los problemas del Patronato de la Fundación Gypaetus y centrándonos en la gestión del medio, las medidas tomadas son a todas luces insuficientes. Este año han vuelto a morir 2 nuevos ejemplares por veneno. No hay medios suficientes para combatirlo y cuando por fin se consigue detener a alguien con pruebas, se le deja en libertad bajo la promesa de que se va a portar bien. Los argumentos los de siempre, quita votos meter a un ganadero en la cárcel por matar a un “bicharraco” cuando lo que quería era eliminar “alimañas”.

cazorlaNo hay personal suficiente, no hay perros suficientes para detectar veneno y no hay voluntad política de hacer las cosas bien. Se inicia la casa por el tejado. Qué bonito es soltar quebrantahuesos, con los colegiales presentes mientras la prensa toma nota. Quebrantahuesos que según Antoni Margalida, uno de los máximos expertos a nivel internacional, salen a 700.000 euros ejemplar.

No estamos en contra de la reintroducción de las especies en su medio, solo que tomando previamente las medidas pertinentes para que el proyecto prospere, teniendo una cierta sensibilidad social al valorar las preferencias de inversión en los tiempos que corren.

Si no se pusieran venenos, no se disparase a las aves de gran tamaño y se abandonaran los cadáveres del ganado en el campo, hace ya muchos años que, o bien el quebrantahuesos no habría desaparecido o se habría recuperado su población de forma natural, máxime en esta especie.

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