Recorriendo los grandes y medianos establecimientos comerciales de alimentación de varias ciudades, sorprende la similitud de las ofertas, no en productos  propios de la tierra, sino que vayas donde vayas, los expositores y estanterías están repletos de pescado del Pacífico, vinos de Suráfrica, verduras de China, frutas de Suramérica, etc…

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Langostinos del Pacífico en Granada

Los productos locales no encuentran salida en los circuitos comerciales, no son competitivos en la economía globalizada, en un sistema donde se han suprimido las fronteras para el dinero y las mercancías, pero no para las personas. Donde se han homogeneizado las legislaciones comerciales y financieras, pero no las  laborales y sanitarias.

Hay ejemplos en toda la geografía española de las enormes dificultades que encuentran los
pequeños productores de cualquier tipo de alimento para poder elaborar y comercializar sus productos, trabas que están arruinando muchas iniciativas de desarrollo local.

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Vino tinto de Australia en Albacete, La Mancha

Y además, en el caso de que se consiga producir algo, no se puede competir con países donde los costes de producción son mucho menores por que no respetan las condiciones laborales de los trabajadores, los efectos sobre el medioambiente o las normas sanitarias.

¿Cómo puede ser que la población en general considere más  saludable, natural y justo comprar la leche traída de Argentina y envasada hace un año, que la de la vaquería de tu pueblo, ordeñada esta mañana?Pero lo que más asusta es la normalidad con la que los consumidores aceptan esta anormalidad, se han  adaptado al hecho de que sea más fácil y barato comprar langostinos de Ecuador y  transportarlos desde allí , que consumir el marisco local.

Esta situación afecta ya hasta a los productos supuestamente ecológicos, más bien simplemente certificados. ¿Cómo puede considerase como tal a un producto que ha recorrido 10.000 kilómetros y que viene de un país con diferente legislación y control?

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Aguacates ecológicos del Perú, importados y redistribuidos desde Huesca.

Un producto que ha recorrido medio mundo, con la consiguiente huella de carbono, que ha generado explotación laboral y con unos controles sanitarios durante su cultivo más que dudosos ¿ Puede ser ecológico?

Las gentes ya no se alimentan en función de la salud, la temporada, el gusto o la gastronomía tradicional de su zona, sino en función del dinero, la oferta , la publicidad y la cocina innovadora de la telebasura.

En todo caso se ha generado una situación antinatural, insostenible y perjudicial para el medio ambiente y la salud pública que puede ser un claro ejemplo de nórmosis, que se puede definir como “el conjunto de normas, conceptos, valores, estereotipos y hábitos, que son aprobados y aceptados por consenso por la mayoría de una sociedad y que provocan sufrimiento, dolencia y muerte”, es decir, la enfermedad de las normas.  Aparece cuando el sistema social y el sistema de orientación y de educación se ajustan a los supuestos, creencias y costumbres enfermizas que son aceptadas como normales, pero que en realidad no lo son, sino que responden a una determinada visión del mundo y a un determinado modo de producción e intereses.

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Setas de cardo de Corea del Sur en Motril

En resumen, un trastorno colectivo con una subversión generalizada de valores que prima el precio sobre la calidad,  el envase sobre el contenido, el dinero sobre la salud y lo virtual sobre lo real.

Ya  Astérix pronosticó en:  “ La Residencia de los Dioses” , publicado en 1971, lo que el futuro nos deparaba, cuando todos los habitantes del pueblecito galo, deslumbrados por las promesas de  progreso y riquezas que llegarían en breve con los grandiosos proyectos a realizar, abandonaron su forma de vida y sus oficios tradicionales y se dedicaron a abrir tiendas de antigüedades y souvenirs, pescaderías, etc… y a especular con los precios, para centrar su economía en el turismo de la nueva macro-urbanización colindante  construida por “inversores” romanos para turistas de alto “standing”   ( aún no se había inventado el golf), para contaminar de espíritu capitalista y globalizador a los habitantes de la aldea invencible, y así desde su debilidad y dependencia creada, poder por fin aplastarlos, acabando con su libertad y soberanía… si no llega a ser por Panoramix, el druida, que con su sabiduría  consigue corregir el absurdo cambio en la estructura productiva de la aldea.

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                                          Aguacates de Chile en Motril

La necesidad de importar alimentos y demás mercancías de Lutecia y de Roma, utilizando la red de calzadas imperiales y pagando los impuestos, tasas, licencias y peajes pertinentes, los hubiera condenado a la dependencia, al hambre y a la ruina, en el primer cambio de tendencia económica y de destino  en los turistas, como bien sabía el astuto y pérfido romano.

 No comer pescado o marisco del río o mar de tu pueblo, sino langostinos de Ecuador, comprar aguacates de Chile en Motril o beber vino de Australia en Albacete, se mire como se mire, no puede ser ni saludable, ni razonable, máxime en época de crisis y con un paro vergonzante.

Las administraciones han de cambiar de dirección y comenzar a legislar para el interés general de  los ciudadanos y  de los pequeños productores, no para los poderosos y  las grandes compañías. Habrán de realizar un esfuerzo  para facilitar la obtención de licencias y ayudas para productos locales , artesanales y saludables y posibilitar así que pequeños productores puedan cultivar, elaborar y vender directamente, pero sobre todo, se necesita un cambio de mentalidad para que, consumidores, productores y la sociedad en general, no acepten como normal algo que es manifiestamente anormal y antinatural.

 

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