Reproducimos a continuación las declaraciones del director general de Planificación y Gestión del Dominio Público Hidráulico de la Junta de Andalucía, Juan Serrato Portillo, hace apenas un mes.

Esperamos que el Ayuntamiento de Salobreña tome nota e impida la construcción de seis grandes hoteles en la zona conocida como TH2, popularmente La Cagaílla, declarada de máximo riesgo de inundación.

 

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Playa de la zona “urbanizable”

 

Sevilla, 8 dic (EFE).- El director general de Planificación y Gestión del Dominio Público Hidráulico de la Junta de Andalucía, Juan Serrato Portillo, ha reiterado en una entrevista con Efe tras el reciente temporal que, aunque parezca obvio, “la mejor manera de evitar inundaciones es no construir en zonas inundables”.

Serrato ha reiterado este mensaje porque un primer análisis del último temporal sufrido en Andalucía evidencia que sus mayores estragos se han concentrado en zonas con problemas históricos de inundaciones, como las poblaciones malagueñas de Cártama y de Campanillas, en el cauce del Guadalhorce, o la desembocadura de este río, junto a la capital malagueña.

En estos núcleos urbanos malagueños se contabilizan centenares de viviendas y construcciones ilegales, construidas en zonas inundables y que han vuelto a anegarse con el último temporal, mientras que el polígono industrial del Guadalhorce también incluye zonas inundables y ha evidenciado problemas de drenaje y evacuación de las lluvias.

Se da la circunstancia de que algunos de ayuntamientos de los municipios más afectados por el temporal y asociaciones de empresarios, como la del Polígono del Guadalhorce, han recurrido judicialmente el reciente Plan de prevención de avenidas e inundaciones de la Junta de Andalucía, que impide nuevos asentamientos en zonas inundables.

Serrato aduce que este Plan además de prohibir construir en zonas inundables también “defiende la vida de las personas que viven en zonas vulnerables” por inundación y las actividades económicas que se han consolidado en estos terrenos.

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“Hace falta más concienciación y aplicar la racionalidad en la ordenación del territorio; el crecimiento urbano debe de ser entendido desde un punto de vista más sostenible y tiene que hacerse en aquellas zonas con menos riesgo de inundabilidad”, ha añadido.

También ha señalado que las zonas inundables no son suelos improductivos sino “perfectamente compatibles” con actividades agrarias como parques, jardines y zonas verdes urbanas.

Al margen de la problemática urbanística, Serrato ha destacado el carácter especialmente dañino del temporal, porque sus históricas precipitaciones, de más de 200 litros por metro cuadrado en un día, se han concentrado en los tramos finales de los ríos y no en sus tramos medio o alto, que cuentan con embalses e infraestructuras de regulación capaces de absorber las avenidas.

“Si el temporal hubiera caído aguas arriba de los cauces, que están regulados, no habría habido inundaciones y además los pantanos estarían ahora al sesenta por ciento de su capacidad”, ha sostenido.

Un primer análisis de los daños del temporal ha evidenciado que el entorno de las localidades malagueñas de Cártama y de Campanillas soporta un nivel de riesgo mayor al previsto en el Plan de prevención de inundaciones de la Junta, por lo que Serrato ha anunciado que se acometerán obras de defensa en el nuevo decreto de actuaciones hidrológicas, que cuenta con un presupuesto de 80 millones de euros.

El paso de la carretera nacional y de la vía férrea sobre la desembocadura del Guadalhorce, en la capital malagueña, también se ha vuelto a evidenciar como un punto problemático, por lo que la Junta cree necesario que el Gobierno central recrezca los muros de encauzamiento.

Serrato ha rebatido las críticas sobre una supuesta falta de limpieza de los ríos y ha explicado que la Junta realiza labores “para que no pierdan su capacidad de desagüe”, pero sin que por ello “los ríos se desnaturalicen”.

“Limpiar un río no es convertirlo en un canal porque, además, se reduciría su capacidad de filtración y de laminación del agua, y aumentaría su velocidad así como el arrastre de áridos”, ha opinado.

También ha destacado que “científica y técnicamente” está demostrada la necesidad de mantener la vegetación de los cauces y de las riberas porque absorben las crecidas de los ríos y ralentizan sus avenidas.

En su opinión, la época de las grandes infraestructuras hidráulicas ha pasado y la política hidrográfica aborda el agua “como un elemento de la naturaleza” y sin perder de vista la amenaza que supone el cambio climático.

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