Dada la rapidez de las máquinas, la grandísima tristeza de ver como éstas modifican continuamente el paisaje, la silenciación de las críticas y la pasiva complicidad, se hace necesario volver a abrir esta discusión para una reflexión más profunda, que nos acerque a la realidad y nos conciencie de lo que verdaderamente estamos perdiendo, para optar por prácticas que posibiliten la conservación de nuestro entorno y que impidan la devastación de zonas únicas con un valor incalculable.

Partiendo de la base de que la construcción en la vega de Salobreña no está amparada por la ley, podemos observar cómo continúan las obras bajo la pretensión de edificar hoteles de lujo.

Como ya ha demostrado Ecologistas en Acción, el proyecto incumple el Reglamento de Disciplina Urbanística, pues no se ha sometido al Procedimiento de Evaluación Ambiental. El terreno tampoco se muestra favorable, dado que está considerado zona inundable y el Reglamento de Dominio Público Hidráulico prohíbe cualquier tipo de construcción en suelos de éstas características.

Se ausentan las publicaciones de los datos: su licencia, la identidad de la empresa constructora y el proyecto del que parte, teniendo en cuenta que éstos datos deben ser accesibles a la ciudadanía.

Y es que a nivel económico no se considera viable, ya que los gastos públicos que atañen a urbanizar el espacio, en los que se incluyen la construcción de carreteras, parkings o parques, no pueden contemplarse dentro del presupuesto.

También cabe barajar la posibilidad de que no acabe de construirse y sólo quede una superficie plana, uniforme, gris y hormigonada. Tenemos ya varios ejemplos, como la urbanización abandonada en el vial, el hotel en el acantilado de la Playa del Muerto y otras construcciones inacabadas que serán futuros escombros.

Y si no fracasa sería interesante saber cómo funcionará la gestión de las aguas residuales y si serán vertidas en el mar, como los extraños fluidos que navegan en Playa Granada cerca de complejos de este tipo.

Podemos afirmar que políticos y promotores expanden su negocio sin hacer caso a las normativas que establecen la ilegalidad de dichas obras, amañando permisos y recalificando terrenos no urbanizables para generar beneficios privados que desembocan en desastres medioambientales y patrimoniales.

Pero para arreglar la chapuza, los interesados chantajean a la ciudadanía con la beneficencia de ofertar puestos de trabajo, hábil estrategia teniendo el cuenta que su población es dependiente por completo del salario y que tiene un importante número de parados. Entonces, como si de una solución se tratase, la población respira aliviada por poder optar a un empleo, sin antes cuestionar sus características. Y a tener en cuenta es el salario, la temporalidad del mismo o las subvenciones que obtendrán los magnates por ofertarlos.

Otra de las mentiras usadas por los especuladores para justificar su destrucción es hacer creer a los negocios locales el beneficio los hoteles para su economía, cosa poco probable dado que éste tipo de complejos suelen ofertar el llamado “todo incluido”, por lo que sus huéspedes no comprarán en el mercado, ni cenarán nuestras pizzas, ni tomarán cerveza en nuestros bares. Fomentará únicamente el lucro de la gran empresa hotelera a la vez que abarcará el turismo, generando más perdidas que ingresos en los pequeños negocios locales.

Por tanto se hace necesario analizar detenidamente qué ofrecemos y qué nos dan a cambio. Trabajos de servidumbre no son comparables con el privilegio de preservar una de las últimas playas vírgenes de Andalucía. La conformidad por un salario nos imposibilita ver que lo que perdemos es mucho más, perdemos historia, tierra cultivable y su agricultura, hermosos paisajes con aves y plantas autóctonas que lo decoran. Todo ello será devastado para el lucro de empresas privadas y las consecuencias las pagaremos todas sus habitantes, sin poder recuperar jamás ese pedazo de vega.

Su defensa, la lucha contra todo lo que pretende su destrucción ,es la defensa de una forma distinta de organizarse, pensar, relacionarse y vivir. Es la defensa de la libertad.

“Una auténtica lucha en defensa del territorio debe empezar informando a la población y estableciendo un debate para llegar cuando más pronto mejor a la movilización general. Las charlas informativas y las reuniones deben acabar en planes de cultivo colectivo, manifestaciones y ocupaciones de tierras. Se trata de reconstruir la sociedad civil al margen de la política y del mercado globalizado, poniendo en pie asambleas donde se elaboren en común criterios independientes y se formulen intereses sociales reales, no condicionados por fuerzas ajenas. Cualquier tarea productiva se puede hacer sin empresarios ni banqueros. La gestión del interés publico se puede hacer sin políticos. Tenemos al alcance un gran número de prácticas económicas y sociales igualitarias, así como formas verdaderamente democráticas de autogobierno. Siempre que los individuos han querido ser libres y conservar la dignidad las han sabido encontrar. La Historia se llena de ejemplos de cooperación y democracia directa. No hace falta esperar el momento del estallido final: todos son de aplicación inmediata. Siempre se empieza poco a poco, reflexionando sobre la esclavitud asalariada y el beneficio privado, la propiedad y el derecho al territorio, la agroecología y la industria agroalimentaria, el petróleo y las renovables descentralizadas, los huertos urbanos y las grandes superficies, etc… Se lucha con más determinación si se sabe lo que se quiere, hacia dónde se va y cómo. La acción y el pensamiento no pueden ir desligados. Las ideas mueven el mundo, los hechos lo cambian.”

– Texto extraído de Lucha y territorio, por Miguel Amorós. Cmr distri, 2013.

Quien ama su pueblo no lo destroza por dinero. La vega es única y la están devastando.

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María Herranz

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