Este informe denuncia el impacto que el modelo de maximización de beneficios en la producción de viscosa tiene sobre el medio ambiente y la salud humana, y muestra cómo las sustancias químicas peligrosas y los gases tóxicos que se generan en las fábricas de viscosa están arruinando la vida y los hogares de los habitantes de ciertos lugares de Asia.

El informe describe la cadena de suministros del sector textil y revela que existe una relación directa entre las grandes marcas europeas y norteamericanas y las fábricas contaminantes investigadas.

La viscosa, una fibra artificial cada vez más demandada tanto por las principales cadenas de moda como por los diseñadores de gama alta, no es en sí misma insostenible, aunque fabricada de manera irresponsable, puede tener unos efectos devastadores sobre los trabajadores y las personas que viven en las áreas circundantes a los centros de producción.

moda2Al estar hecha de fibra vegetal, la viscosa se presenta a veces como una opción “ecológica” para los consumidores. Sin embargo, la mayor parte de la viscosa que se comercializa hoy se obtiene tras un proceso químico altamente contaminante. Aunque se ha escrito mucho sobre los problemas que generan el algodón y los tejidos sintéticos derivados del petróleo, los consumidores conocen menos los efectos negativos de la producción de viscosa y de otras fibras semi-sintéticas derivadas de compuestos orgánicos de celulosa.

La lógica de reducción de costes productivos adoptada por la industria de la moda rápida unida a la lasitud en la regulación medioambiental que impera en China, India e Indonesia han resultado ser una mezcla venenosa.

La investigación: pruebas e impactos contaminantes de la producción de viscosa en Indonesia, China e India

En todos los países visitados, se encontraron pruebas evidentes de que las fábricas de viscosa están vertiendo sus aguas residuales sin tratar, lo que está contaminando los lagos y las fuentes de agua locales. El impacto en la calidad de vida de los habitantes del lugar es devastador. En algunas de las áreas visitadas, se sospecha que esta contaminación es una de las causas principales del aumento del cáncer, y los lugareños han dejado de beber agua del pozo por miedo a que los miembros de sus familias enfermen – fundamentalmente los niños. Las fábricas están también acabando con las formas de vida tradicionales, siendo los pescadores de la zona los más perjudicados.

En las fábricas de Java occidental propiedad del conglomerado indio Aditya Birla y el grupo austriaco Lenzing Group, se descubrió que eran los lugareños los que hacían el trabajo sucio de las fábricas al lavar los productos intermedios de la viscosa en el río Citarum y exponerse directamente a los productos químicos tóxicos de la fibra que venían después a añadirse al ya de por sí contaminado río. Se dijo a los investigadores que nadie nadaba ya en el río, como era habitual en el pasado. En una de las aldeas visitadas, se vieron fibras de viscosa tendidas a secar y restos de viscosa tirados al suelo por todos lados.

moda3En las fábricas de las provincias chinas de Hebei, Jiangxi and Shandong, dirigidas por grandes manufactureras del sector como Sateri, Tangshan Sanyou y Shandong Helon, los investigadores encontraron pruebas de la contaminación del agua y el aire, bajas laborales y daños severos en la salud de los residentes. En Jiangxi, se encontraron pruebas de que la industria de la viscosa había sido una de las causas de la contaminación del lago Poyang, donde el agua se ha vuelto negra, los peces y las gambas están muriéndose y las cosechas han dejado de crecer. Poyang, el mayor lago de agua dulce de China, se encuentra ya en un avanzado estado de desertificación. Alberga a varias especies en peligro de extinción, como la marsopa sin aletas, y constituye un hábitat de vital importancia para medio millón de aves migratorias al año. (Eco Watch: Impresionantes fotos que muestran la rapidez con la que el lago de agua dulce más grande de China está secándose, http://www.ecowatch.com/china-poyang-lake-drought-2084891682.html)

En la fábrica de Grasim Industries, subsidiaria de Birla, en Madhya Pradesh, los investigadores descubrieron que las autoridades locales mantenían una relación muy cercana con la dirección de la fábrica, lo que permite que buena parte de las violaciones cometidas queden impunes. No obstante, es evidente que la contaminación de Grasim Industries el único gran complejo industrial de Nagda–está llegando al río Chambal, uno de los afluentes principales del río sagrado Ganges.

Río abajo, el agua procedente de la fábrica que llega a los pueblos es de color negro oscuro con rayas rojas y tiene un intenso olor a rábano podrido, lo que indica la presencia de sulfuro de carbono. La fábrica también vierte grandes cantidades de residuos de viscosa en las orillas, sustancias que terminan en el río en la época de los monzones. Las familias sufren de cáncer y deformaciones congénitas como consecuencia de la contaminación de los acuíferos y las tierras de cultivo. Río arriba, los investigadores fueron testigos de las protestas de los habitantes de la zona que rechazan el proyecto de la fábrica de elevar la altura de la presa en un metro. Esta presa ha provocado ya inundaciones y si se eleva podría dejar bajo el agua a las tierras de cultivo y a los hogares que se encuentran en las riberas del río.

Las grandes marcas de moda se abastecen de la viscosa contaminante

moda4A través de investigaciones documentales y entrevistas con los distribuidores de ropa se pudo conocer los vínculos que existen entre las marcas europeas y norteamericanas y muchas de las fábricas contaminantes analizadas. Se contactó con más de 40 de las mayores marcas de moda y distribuidoras y se les preguntó sobre la viscosa que utilizan y los sistemas de producción que emplean las fábricas a las que compran. Un tercio de las compañías consultadas respondieron y el resto de la información se obtuvo por otros medios. Muchas marcas no aplican políticas específicas para la viscosa y muchas de las empresas que contestaron a las encuestas no quisieron revelar el nombre de sus distribuidores.

Entre las más transparentes, cabe señalar al grupo sueco H&M y al gigante español Inditex (empresa matriz de la cadena Zara), ambas fuertemente conectadas a un gran número de fabricantes de viscosa de China, India e Indonesia. H&M, por ejemplo, compra directamente la viscosa a seis de las fábricas contaminantes de Indonesia y China que fueron investigadas por los autores de este informe y también a una fábrica situada en India. En cuanto a Zara/Inditex se abastece de tres empresas  contaminantes de China y una de India. El minorista en línea ASOS obtiene la viscosa en dos empresas contaminantes de Indonesia e India, mientras que Tesco y M&S dijeron comprarla casi en su totalidad a los grandes productores.

La persistente falta de transparencia en la cadena de suministros del sector textil implica que la información presentada en este informe no sea sino la punta del iceberg para comprender en qué medida las marcas de moda compran viscosa en fábricas contaminantes. Teniendo en cuenta la alta concentración del sector, es muy probable que la mayoría de estas empresas se abastezcan de las fábricas investigadas. Solo cuando las empresas textiles empiecen a desvelar el nombre de sus  suministradoras en cada paso de la cadena de producción, podrá conocerse cuál es el origen de las prendas de viscosa que se venden en todo el mundo y el impacto que su consumo tiene en el medio ambiente.

Resulta alentador que marcas como H&M y Zara se comprometan con la transparencia, sin embargo, no es sino un primer paso en el viaje que el sector textil debe emprender para asumir su responsabilidad social y medioambiental y convertirse en una industria verdaderamente sostenible. En muchos casos, las marcas más transparentes son también aquellas que están impulsando con más énfasis un modelo de producción insostenible, con los efectos ecológicos y sociales que esto conlleva para las personas y el planeta.

El camino a seguir: presionar a los productores de viscosa para que sean menos contaminantes

moda5El sector industrial de la viscosa está tan concentrado y las grandes marcas de moda tienen un poder de compra tan grande que sería relativamente fácil presionar a los fabricantes irresponsables para que cambiaran sus modelos de producción y adoptasen prácticas más ecológicas. Un pequeño grupo de 10 empresas controla alrededor del 70 por ciento de la producción mundial de viscosa, por lo que la transformación en el sector podría hacerse con rapidez y de manera profunda. Algunas de estas compañías han hecho ya algún progreso en este sentido y han dejado de utilizar pulpa de madera no ecológica, como la que proviene por ejemplo de bosques milenarios y de bosques que albergan una gran diversidad biológica.

Sin embargo, la transformación de esta celulosa en fibras discontinuas e hilos de filamento de viscosa sigue siendo una “caja negra” de la que se sabe aún más bien poco.

La viscosa se vende a veces como la “fibra del futuro”, una alternativa buena y sostenible al algodón y los tejidos sintéticos. Para que esto sea así, la industria de la viscosa debe acometer grandes cambios en sus sistemas de producción. Las alternativas están ya ahí, ya que la viscosa podría fabricarse con muchos menos químicos tóxicos de lo que lo hace ahora y en un circuito de producción cerrado que elimine la contaminación. La demanda internacional de viscosa crece a pasos agigantados por el aumento sin precedentes de la demanda internacional de ropa, impulsada a su vez por el aumento de población y de una emergente clase media en China e India. Dentro de poco habrá que vestir a una población mundial de nueve mil millones de personas y si se quiere hacer de manera sostenible, la producción de viscosa deberá ser tan ecológica como asegura ser. Las marcas de ropa pueden desempeñar un papel central en esta transformación si exigen a los fabricantes de viscosa que introduzcan prácticas menos contaminantes y promueven la puesta en marcha de procesos de producción sostenibles.

Afortunadamente, algunos productores y marcas de ropa están empezando ya a adoptar nuevos criterios en los sistemas de producción. Estos criterios necesitan ahora adoptarse de manera generalizada y extenderse a todo el sector. Las grandes empresas del textil, con todo su poder de compra, son las más indicadas para conseguir estos cambios y hacerlos perdurar en el tiempo.

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