Ecologistas en Acción ve intolerable que la sentencia considere que la agresión sexual no haya sido tal por faltar supuestamente el requisito de que mediara violencia o intimidación. El feminismo ha dado ya sobradas razones para entender que la violencia patriarcal está tan presente en las vidas de las mujeres que no se puede de ninguna manera pedir una resistencia heroica a las víctimas. La cultura de la violación que da a los hombres el derecho de apropiarse de los cuerpos de las mujeres enseña a las mujeres que la resistencia, si bien según esta cultura es un “deber moral”, muchas veces se paga con la vida. Eso es, por sí solo, suficientemente intimidatorio y violento.

La organización rechaza una legislación machista que sigue ciega a las reclamas de las mujeres, en este ejemplo como en tantos otros. Igualmente rechaza un poder judicial ejercido por sujetos privilegiados del sistema patriarcal que no han sido expuestos a la formación necesaria para transformar su sensibilidad hacia una desde la que puedan realizar la tarea que la sociedad pone en sus manos.

Asímismo, Ecologistas en Acción señala cómo estos sucesos son empleados por el propio sistema para inocular discursos represivos a la sociedad: la idea de que siempre es mejor avanzar hacia leyes más duras y punitivas nos parece muy peligrosa en un momento caracterizado por un aumento del control por parte del estado sobre la autonomía de las personas. El debate no tiene por qué centrarse en aumentar los años de prisión: nombrar el crimen como lo que es, una agresión sexual, exigir formación específica en género para las y los jueces y actualizar las leyes a los avances de la sociedad son temas centrales. Es intolerable que la justicia dé a las mujeres el mensaje de que la violencia ejercida contra ellas es aceptable y no va a ser castigada, que es su responsabilidad evitar esa violencia restringiendo aún más su propia libertad.

Desde el sistema judicial se está amparando una vez más una cultura de la impunidad, que igual legitima la violencia contra las mujeres, las personas vulnerables, los pueblos y la tierra. Frente a un feminismo que gana fuerza en las calles, el patriarcado, tóxico e insolente, saca pecho y se atrinchera en los espacios de poder político.

Es emocionante saber que ese mensaje está topando con la firmeza de un movimiento feminista que grita que lo personal es político, que nosotras somos la manada y que tenemos nuestra respuesta frente a esta violencia: sororidad y autodefensa feminista. Nos recuerda una vez más que nuestros cuerpos, igual que la tierra, no son territorio de conquista.

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